Que difícil es encaminar un pensamiento cuando, dependiendo del día, sos alguien distinto. Hoy el Sol es claro, de un amarillo brillante y nos abraza con su luz. Mañana, o ayer, es un Agujero negro donde se arrastra mi Alma, escapando...
Estos muros no hacen más que ayudar a mis Yo's a crecer. A través de las barras de ese helado acero, entra la pureza del aire del Más Allá. Todos queremos salir, pero no podemos si somos todos. Todos tenemos que ser Uno.
Tal vez, sea por eso que tengo mis brazos atados, en una pesada chaqueta con tiras gruesas de cuero y mangas demasiado largas... Estos doctores, sí saben que lo que hacen. Me atan el cuerpo, para unir más a todos los que soy.
¡Pero que tercos somos, Mierda! No nos ponemos de acuerdo, no queremos pensar como 1 sólo... No aguanto más. No puedo lograr tener sólo un pensamiento a la vez. No puedo reaccionar como un único ser. Mis Voces, son una eterna discusión en mi cabeza, y yo en medio. Soy un niño, testigo de la violencia doméstica de sus padres. Un niño encerrado en las peleas incesantes. Los gritos y los insultos de uno al otro, o en mi casa, de uno al otro, al otro, al otro, al otro...
No consigo mediar entre ellos y yo. Y yo, ya no tengo voto, ni voz, ni peso, ni nada...
Estas paredes alimentan la fuerza de las voces, este chaleco las enoja más, y esto... no va a terminar
jueves, 11 de noviembre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
El Romance del Lobo y la Luna
¿Y cómo no amarla? El Lobo miraba a la Luna preguntándose lo mismo ¿A dónde iría sin ella? Siempre solo. Siempre sobreviviendo. Siempre abandonado y abandonando. Siempre y sólo una respuesta.
Siempre sobre la misma colina, el Lobo le declara su amor incondicional. Noche tras noche, su serenata se escucha en toda la pradera. Ella, orgullosa, se llena de luz. Él, enamorado, se llena su ojo de Ella.
Ella es amante, compañera, amiga, es Madre y Hermana. Es Esposa, es su admiración... Maravilla de Dios. Es la motivación en su crecimiento y su esmero. Es su Dios. Su Paraíso. Su Luna.
Cuando las nubes caprichosas, la esconden, el Lobo llora. Grita desesperado y desolado. En la tormenta, no caen gotas sino lágrimas. Lágrimas llenas de Soledad. Y el Lobo en su cueva, extraña su única compañía.
Cuando siente de nuevo su Luz, sale a empaparse de sus rayos. Ahí está. Grande. Hermosa. Llena de Vida. Llena de Fuerza. Y el Lobo lleno de Ella, comienza de nuevo su bella canción. Canción llena de sentimiento. Tanto, que asusta a los débiles de corazón. Pero enorgullece a quien lucha por llegar a su Luna.
Pero el Lobo sabe que la Luna está lejos. Sabe que no puede tocarla. Lo sabe y no le importa. El Lobo solitario y soñador, no quiere cambiar. Se contenta en la distancia. Nunca podrá acariciarla, nunca podrá sentir su caricia.
La Luna observa, triste y con culpa, como el Lobo vive su Soledad. Pero lo que no sabe es que esa es su naturaleza. Por eso, ama a la distancia. Para poder amar y aún así, seguir con su Soledad. Así es como se aleja de su manada, de la jauría que vive para alimentarse. El vive para amar a a su Luna, lejos de los demás, lejos de Ella, pero unidos por su Luz y su Canto...
Siempre sobre la misma colina, el Lobo le declara su amor incondicional. Noche tras noche, su serenata se escucha en toda la pradera. Ella, orgullosa, se llena de luz. Él, enamorado, se llena su ojo de Ella.
Ella es amante, compañera, amiga, es Madre y Hermana. Es Esposa, es su admiración... Maravilla de Dios. Es la motivación en su crecimiento y su esmero. Es su Dios. Su Paraíso. Su Luna.
Cuando las nubes caprichosas, la esconden, el Lobo llora. Grita desesperado y desolado. En la tormenta, no caen gotas sino lágrimas. Lágrimas llenas de Soledad. Y el Lobo en su cueva, extraña su única compañía.
Cuando siente de nuevo su Luz, sale a empaparse de sus rayos. Ahí está. Grande. Hermosa. Llena de Vida. Llena de Fuerza. Y el Lobo lleno de Ella, comienza de nuevo su bella canción. Canción llena de sentimiento. Tanto, que asusta a los débiles de corazón. Pero enorgullece a quien lucha por llegar a su Luna.
Pero el Lobo sabe que la Luna está lejos. Sabe que no puede tocarla. Lo sabe y no le importa. El Lobo solitario y soñador, no quiere cambiar. Se contenta en la distancia. Nunca podrá acariciarla, nunca podrá sentir su caricia.
La Luna observa, triste y con culpa, como el Lobo vive su Soledad. Pero lo que no sabe es que esa es su naturaleza. Por eso, ama a la distancia. Para poder amar y aún así, seguir con su Soledad. Así es como se aleja de su manada, de la jauría que vive para alimentarse. El vive para amar a a su Luna, lejos de los demás, lejos de Ella, pero unidos por su Luz y su Canto...
jueves, 23 de septiembre de 2010
Espadas y Claveles
De su espada ensangrentada, caían gotas de dolor. Del rojo más rojo. Del acero y el hierro. Por cada batalla ganada con el filo, perdía una con el alma.
A este caballero, le dolía la Guerra. A ése Guerrero, le dolía el dolor. El Dolor, que no era SU dolor. Cada roja gota en la hoja fría, era una espina en su rosa. Los cuerpos dueños de la sangre, ya formaban parte del polvo. Las Almas, del filo.
No era un asesino injusto, era un Soldado. Pero un soldado que entendía lo inútil de una Guerra con espadas, flechas y lanzas. Un esclavo de un mundo violento, donde la fuerza domina la razón. Donde la codicia supera la necesidad. Donde algo parecido al Odio, supera a algo parecido al Amor.
Este Caballero vió los ojos de su próxima Victoria, el dolor del Ser que ya no será. El dolor de un ser, de dos seres, de cinco seres, de cientos de seres, de todos los seres... Vió por primera vez, la resaca de una Orgía de Sangre. Vió que cuando deje el campo de batalla, miles llorarán a los cientos que no están... Esos cientos que sucumbieron, tanto de un lado como del otro, que ya no volverán a la Aldea...
Luego de la última caída, descendió de su Corcel. Se acercó al que cayó. Lo miró y observó 3 niños, una mujer, una casa de rocas, una chimenea, fuego... Todo reflejado en sus ojos. Todo lo que jamás volverá. Una familia despedazada por un capricho del Poder...
Soltó la empuñadura de su Espada... Esa espada tan temida por todos aquellos que escuchaban su zumbido... Esa máquina de cercenar la carne enemiga... Ese pincel de la Muerte... Esa Espada, todavía con la sangre sin limpiar de todos aquellos que sintieron el Infierno de su Frío Filo. Esa misma, se apoyó sobre el pasto humedecido por el rocío.
La cara del Caballero reflejada entre manchas rojas. En sus ojos, sólo se veía un gran hueco negro, helado, sin nada más... Cuando se dió cuenta de lo que veía, algo comenzó a acompañar los ojos muertos... algo brotaba de las cuencas que sus párpados creaban en su rostro... Una gota. Una gota que no era de sangre. Una gota que no era roja, que era transparente, que tomaba el color de su piel, de su cara sucia de barro, pasto, sangre y muerte...
Esa lágrima, seguía camino. No se detenia en sus pómulos, ni en su boca, ni en su pera. Siguió cayendo... tanto que sólo se detuvo cuando estallo en el filo de la Espada, que yacía llena de muerte en el piso...
Se transformó en dos lágrimas, en tres, en cinco, en cientos, en miles... una por cada muerto, una por cada familia quebrada, una por cada guerra, una por cada batalla, una por cada Sol empañado con muerte...
De pronto, las manchas de sangre que nunca limpió, se mezclaban con las lágrimas... Se fusionaban. Mutaban. Tomaban forma... Una forma extraña. Crecía del filo, un tallo, una copa, un cáliz... Hasta formar un Clavel...
Sí. Un Clavel Rojo como la sangre... brotaba del filo de la Espada mientras usaba de raíz la sangre estancada en la hoja...
El Caballero dejó de llorar. Entendió que en sus lágrimas, tenía redención. Que ese Clavel Rojo era la Señal. Que había un mensaje que llevar, que transmitir, que demostrarle a este Mundo deshumano... El mensaje era: Luchemos para Cambiar las Espadas por Claveles...
A este caballero, le dolía la Guerra. A ése Guerrero, le dolía el dolor. El Dolor, que no era SU dolor. Cada roja gota en la hoja fría, era una espina en su rosa. Los cuerpos dueños de la sangre, ya formaban parte del polvo. Las Almas, del filo.
No era un asesino injusto, era un Soldado. Pero un soldado que entendía lo inútil de una Guerra con espadas, flechas y lanzas. Un esclavo de un mundo violento, donde la fuerza domina la razón. Donde la codicia supera la necesidad. Donde algo parecido al Odio, supera a algo parecido al Amor.
Este Caballero vió los ojos de su próxima Victoria, el dolor del Ser que ya no será. El dolor de un ser, de dos seres, de cinco seres, de cientos de seres, de todos los seres... Vió por primera vez, la resaca de una Orgía de Sangre. Vió que cuando deje el campo de batalla, miles llorarán a los cientos que no están... Esos cientos que sucumbieron, tanto de un lado como del otro, que ya no volverán a la Aldea...
Luego de la última caída, descendió de su Corcel. Se acercó al que cayó. Lo miró y observó 3 niños, una mujer, una casa de rocas, una chimenea, fuego... Todo reflejado en sus ojos. Todo lo que jamás volverá. Una familia despedazada por un capricho del Poder...
Soltó la empuñadura de su Espada... Esa espada tan temida por todos aquellos que escuchaban su zumbido... Esa máquina de cercenar la carne enemiga... Ese pincel de la Muerte... Esa Espada, todavía con la sangre sin limpiar de todos aquellos que sintieron el Infierno de su Frío Filo. Esa misma, se apoyó sobre el pasto humedecido por el rocío.
La cara del Caballero reflejada entre manchas rojas. En sus ojos, sólo se veía un gran hueco negro, helado, sin nada más... Cuando se dió cuenta de lo que veía, algo comenzó a acompañar los ojos muertos... algo brotaba de las cuencas que sus párpados creaban en su rostro... Una gota. Una gota que no era de sangre. Una gota que no era roja, que era transparente, que tomaba el color de su piel, de su cara sucia de barro, pasto, sangre y muerte...
Esa lágrima, seguía camino. No se detenia en sus pómulos, ni en su boca, ni en su pera. Siguió cayendo... tanto que sólo se detuvo cuando estallo en el filo de la Espada, que yacía llena de muerte en el piso...
Se transformó en dos lágrimas, en tres, en cinco, en cientos, en miles... una por cada muerto, una por cada familia quebrada, una por cada guerra, una por cada batalla, una por cada Sol empañado con muerte...
De pronto, las manchas de sangre que nunca limpió, se mezclaban con las lágrimas... Se fusionaban. Mutaban. Tomaban forma... Una forma extraña. Crecía del filo, un tallo, una copa, un cáliz... Hasta formar un Clavel...
Sí. Un Clavel Rojo como la sangre... brotaba del filo de la Espada mientras usaba de raíz la sangre estancada en la hoja...
El Caballero dejó de llorar. Entendió que en sus lágrimas, tenía redención. Que ese Clavel Rojo era la Señal. Que había un mensaje que llevar, que transmitir, que demostrarle a este Mundo deshumano... El mensaje era: Luchemos para Cambiar las Espadas por Claveles...
jueves, 16 de septiembre de 2010
Lluvia y Whisky
En la ventana, las gotas de la lluvia se agolpan sobre el vidrio. Como en caravana, se deslizan hacia abajo, presas de la gravedad...
En mi escritorio, gotas de lluvia de mis rocas desconsolándose, se deslizan por el vidrio de mi vaso de Escocés, que parece evaporar el contenido y me obliga a servirme demasiadas veces.
Afuera, la Luna se escondió detrás de chaparrones de tormenta, y sólo ilumina algún rayo rumbeado hacia alguna torre tan estoica como insensible.
Adentro, sólo un foco de 60 watts hace las veces de Sol envelado por una pantalla que mezquina aún más su escaza luz.
En la calle, bocinas suenan alertando de la congestión de tráfico, y de la poca predisposición de las personas al diálogo, cuando su cabeza se moja...
En mi cabeza seca, los gritos que día a día intento ahogar, para predisponerme a vivir en sociedad, cediendo a mis deseos, para encastrarlos como un juego de niños, en un rompecabezas con fichas malas que no encajan donde deberían, forzando su forma, deformando su fuerza, hasta que, al final, terminamos encajándolos perfectamente en esta Vida Social, donde no importa quien soy, ni siquiera a quienes quieren que sea alguien para ellos...
En mi escritorio, gotas de lluvia de mis rocas desconsolándose, se deslizan por el vidrio de mi vaso de Escocés, que parece evaporar el contenido y me obliga a servirme demasiadas veces.
Afuera, la Luna se escondió detrás de chaparrones de tormenta, y sólo ilumina algún rayo rumbeado hacia alguna torre tan estoica como insensible.
Adentro, sólo un foco de 60 watts hace las veces de Sol envelado por una pantalla que mezquina aún más su escaza luz.
En la calle, bocinas suenan alertando de la congestión de tráfico, y de la poca predisposición de las personas al diálogo, cuando su cabeza se moja...
En mi cabeza seca, los gritos que día a día intento ahogar, para predisponerme a vivir en sociedad, cediendo a mis deseos, para encastrarlos como un juego de niños, en un rompecabezas con fichas malas que no encajan donde deberían, forzando su forma, deformando su fuerza, hasta que, al final, terminamos encajándolos perfectamente en esta Vida Social, donde no importa quien soy, ni siquiera a quienes quieren que sea alguien para ellos...
PauSe
Y por un momento, todo se detuvo. Un instante de eternidad me abrazó y me envolvió en la nada del todo. En ese instante, el mundo pareció detenerse. No giró más sobre su eje. No rodeó el Sol. Las partículas más pequeñas de la física dejaron su estado natural de movimiento...
El Viento dejó de agitar las hojas del Árbol que, frente a mí, ofrecía sombra al eterno viajante. La Mariposa que pasó junto a la Flor, quedó suspendida en el Aire, sin aletear, sin planear, sin nada.
Los ríos dejaron de bañar las Costas, las Costas se mantuvieron tan humedad como las dejó el último beso de la crecida. Los Peces, como encastrados en bloques de agua permanecían inmóviles mirándose entre ellos, sin observarse.
Cada Rayo de Sol, quedó donde le tocó iluminar, como las Estrellas, en su Sector delimitado en el firmamento.
Todo Congelado en un instante de Eternidad. Un instante que duró eternidad. Un instante donde pude recorrer cada detalle de lo que me rodea. Cada color en la Mariposa, cada escama de cada Pez, cada Hoja de cada Árbol, cada Espina en cada Rosa... Un instante de lucidez. Un instante donde recorrí lo que a muchos les toma toda la vida. Un instante donde me sumergí en un mundo extrañamente conocido, conocidamente extraño. En ese instante de lucidez, me percaté de lo que me rodea. Gira conmigo, o sin Mí. Crece sin mi ayuda. No me pide ni me quita nada.
¿Por qué yo lo culpo de lo que me corresponde? La vida era vida antes que Yo. Yo no soy quien para juzgarla.
Un instante de Eternidad. Un Instante de Lucidez...
El Viento dejó de agitar las hojas del Árbol que, frente a mí, ofrecía sombra al eterno viajante. La Mariposa que pasó junto a la Flor, quedó suspendida en el Aire, sin aletear, sin planear, sin nada.
Los ríos dejaron de bañar las Costas, las Costas se mantuvieron tan humedad como las dejó el último beso de la crecida. Los Peces, como encastrados en bloques de agua permanecían inmóviles mirándose entre ellos, sin observarse.
Cada Rayo de Sol, quedó donde le tocó iluminar, como las Estrellas, en su Sector delimitado en el firmamento.
Todo Congelado en un instante de Eternidad. Un instante que duró eternidad. Un instante donde pude recorrer cada detalle de lo que me rodea. Cada color en la Mariposa, cada escama de cada Pez, cada Hoja de cada Árbol, cada Espina en cada Rosa... Un instante de lucidez. Un instante donde recorrí lo que a muchos les toma toda la vida. Un instante donde me sumergí en un mundo extrañamente conocido, conocidamente extraño. En ese instante de lucidez, me percaté de lo que me rodea. Gira conmigo, o sin Mí. Crece sin mi ayuda. No me pide ni me quita nada.
¿Por qué yo lo culpo de lo que me corresponde? La vida era vida antes que Yo. Yo no soy quien para juzgarla.
Un instante de Eternidad. Un Instante de Lucidez...
domingo, 5 de septiembre de 2010
VaSo
Mi vaso se vacía lentamente... Cada sorbo me acerca a mi lecho... Cada gota que pasa por mi garganta, me da una excusa más para irme a descansar.
Mi vaso, todavía no está vacío. Está lleno de desolados pensamientos. Lleno de abandonados sueños, de olvidados principios, de metas incompresiblemente divididas por un solo motivo.
Mi vaso me mira, me analiza, me conmueve... Mi vaso sabe que me pasa. Inclusive, más que yo mismo.
Y yo lo miro... lo observo detenidamente intentando conocerlo, saber de sus secretos, saber el por qué de su presencia cuando no debería estar presente.
No se por qué me sigue acompañando, por qué sigue conmigo, a mi lado. Por qué dependo tanto de su compañía cuando no me hace feliz ni me siento cómodo.
Pensé en hacer que desaparezca de mi vida, que no me acompañe más, pero soy tan cobarde que siempre postergo las despedidas.
No soy un Ebrio... no soy un pobre tipo que no controla el contenido del vaso... Sí soy un pobre tipo que no controla el por qué del vaso en su mano.
No es el contenido lo que me acongoja, sino el motivo. Es lo que este vaso representa frente a mí...
De fondo, el encanto de los 80's. A mi izquierda, mis botas lanzadas azarosamente contra la pared. A mi derecha, mi cama que me espera. En frente mío... un Vaso
Mi vaso, todavía no está vacío. Está lleno de desolados pensamientos. Lleno de abandonados sueños, de olvidados principios, de metas incompresiblemente divididas por un solo motivo.
Mi vaso me mira, me analiza, me conmueve... Mi vaso sabe que me pasa. Inclusive, más que yo mismo.
Y yo lo miro... lo observo detenidamente intentando conocerlo, saber de sus secretos, saber el por qué de su presencia cuando no debería estar presente.
No se por qué me sigue acompañando, por qué sigue conmigo, a mi lado. Por qué dependo tanto de su compañía cuando no me hace feliz ni me siento cómodo.
Pensé en hacer que desaparezca de mi vida, que no me acompañe más, pero soy tan cobarde que siempre postergo las despedidas.
No soy un Ebrio... no soy un pobre tipo que no controla el contenido del vaso... Sí soy un pobre tipo que no controla el por qué del vaso en su mano.
No es el contenido lo que me acongoja, sino el motivo. Es lo que este vaso representa frente a mí...
De fondo, el encanto de los 80's. A mi izquierda, mis botas lanzadas azarosamente contra la pared. A mi derecha, mi cama que me espera. En frente mío... un Vaso
martes, 24 de agosto de 2010
La Llave
Necesito una frase. Una oración. Una palabra que no sea cualquier palabra, sino LA palabra. La PALABRA que me abra las puertas de otro mundo, de otra realidad, de otro lugar.
Un lugar donde no haya juicios. No haya límites, no haya restricciones a los deseos, no sean cortadas las alas de los pensamientos.
Donde pueda volar sin tener plumas de ave, donde pueda nadar sin tener ancas de rana, donde pueda viajar kilómetros con sólo pensarlo. Donde Magos y Brujos, utilicen magia y hechizos, en una guerra con caballeros en corceles.
Donde las princesas necesiten ser salvadas por valientes y nobles guerreros. Donde yo pueda blandir una espada pesada y filosa, y de un golpe, eliminar al fiero dragón que mantiene atrapada a mi doncella...
Un lugar donde el futuro ya sea cosa del pasado. Donde los autos vuelen, la tecnología camine a la par de la vida, donde las enfermedades se curen, donde el odio y la tristeza, se curen...
Una palabra, puede ser la llave a ese mundo. Sólo una palabra. Una palabra esquiva, que no viene a mi lápiz.. No está, no viene, no la veo, no la escucho...
Yo la sigo esperando... encerrado en un cuerpo que desespera por encontrar una palabra llave a otro universo...
Un lugar donde no haya juicios. No haya límites, no haya restricciones a los deseos, no sean cortadas las alas de los pensamientos.
Donde pueda volar sin tener plumas de ave, donde pueda nadar sin tener ancas de rana, donde pueda viajar kilómetros con sólo pensarlo. Donde Magos y Brujos, utilicen magia y hechizos, en una guerra con caballeros en corceles.
Donde las princesas necesiten ser salvadas por valientes y nobles guerreros. Donde yo pueda blandir una espada pesada y filosa, y de un golpe, eliminar al fiero dragón que mantiene atrapada a mi doncella...
Un lugar donde el futuro ya sea cosa del pasado. Donde los autos vuelen, la tecnología camine a la par de la vida, donde las enfermedades se curen, donde el odio y la tristeza, se curen...
Una palabra, puede ser la llave a ese mundo. Sólo una palabra. Una palabra esquiva, que no viene a mi lápiz.. No está, no viene, no la veo, no la escucho...
Yo la sigo esperando... encerrado en un cuerpo que desespera por encontrar una palabra llave a otro universo...
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